No le pongo un título
aunque lo tenga
o aunque tenga muchos
a la mañana desconfiada y hermosa
que con bocas tapadas en la calle
nos transcurre y envejece, tenue
pese a brillante; alegre
pese a inasible. O quizá por ello.
En esta mañana sin título
en que voy odiando los balones
con la boca pequeña
sin un deseo real de que se pinchen
y los verdes dicen ¿por qué no?
y los edificios
podrían ofrecer su cara más amable,
yo sólo deseo seguir vivo
seguir vivo y a tu lado
ser incapaz de perderte
y saber
saber de esta manera en que lo hago
que el resto de las cosas
ya vendrán.
Alégremente solas.