Antes de mirar con esa atención
al periódico, debieron de ser jóvenes
tuvieron aquel amigo flaco
con el que emborracharse en las fiestas
y olvidar hace ya tanto el mismo pueblo.
Supongo se escondieron
cuando ellos no mandaban
aún, y seguro que corrieron
hasta el circunstancial fuego en el pecho
masticando el corazón, volviendo a casa.
Se percibe la emoción dormida de las yemas
el propio cansancio de uno mismo
hacia el adquirido baile de momentos
que escala con oxígeno las cotas
afanándose en poder con cada día
sin todavía tenerse que hacer muchas preguntas
que no contienen respuesta alentadora.
Me dan pena, y no.
Si acaso por el ejemplo
no me atrevo a criticar nada.
La vida acaba por poder con casi todo.
Su drama no es ser viejos
es parecerlo
de esta ostentosa forma.