Hay casos en los que pensar
como hecho programático
o como proyección
no es sino temerse de uno mismo
no ya por el mal sobreviniente
sino por la metódica angustia del quizá
o mejor dicho
del quizá nunca.
Y como tengo abolida
la ira personalizada
pero no estoy libre del ágora oscura
donde otros hurgan mi futuro
me acojo a la exposición neutra
a la demostración irretroactiva
y al deseo vital
hermoso
entre lo sumarísimamente razonable.