Mi cara enmarca lo que enmarca,
la mano que cubre mi frente
efigie de nubarrones y hospitales,
o esta preocupada barba que me abriga
hoy menos recatada que valiente.
No es espejo del alma suficiente
la ojera preocupada que repasa
el suspiro suspenso de la guarda
como un ángel
que planificara su vuelo más amargo
sin la recompensa bastante de unas alas.
Con el día metido en una bolsa
corro hacia las vidas insalvadas
como correcto denominador de los comunes.
Este cordón umbilical hacia la prosa
perplejo de agujas mal clavadas
ha venido a renacer donde se hunde.
Las duermevelas penan las almohadas
y las almas infectan las baldosas
frente a la última luz adonde acuden.
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