No desaparecerá nuestra cabeza
entre las dunas.
El cuerpo será nítido
la silueta que nos contó las primaveras
en un recorte, claramente
viajará hacia el ojo del que mira.
No es la huella pozo, cimiento
será por contra el paso
que al paso de la tierra nos empuja
sin prisa inane que nos urja
que no fuera el amor en movimiento.
Aquí mi alma sin su miedo
allí la tuya con el tuyo
los caminos de siempre son trincheras
y la paz ronca como un trueno
que no sabe ser trueno sin su arrullo.
La calma no es opción, sólo la espera
espera ser calmada cuanto antes
sin la distancia feroz que resucita
la próspera búsqueda en que habita
nuestro punto cardinal en dondequiera.