Acordeones de esquina por bandoneones
apretando el viento con desdoro
ante una imagen tuya de mañana
de centella dorada e imposible
cuco del nido donde moro.
Junto al lóbulo rojo el corazón
sesteando de invierno convencido,
halla el miedo allí donde se haya
el hueco de ir a verte cada día
entre un tiempo y otro renacido.
Siempre me paso dos de los sonetos
y más tiempo sin tocarte que quisiera.
No puede ser pecado echarte en falta.
Del pecho al mercado en puente aéreo
tus alegrías nutren mis quimeras
a los pies de ese mundo en que te alzas.
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