Voy del equipaje al traje
a la velocidad del olor
cuando evoca y atraviesa el cerebro.
Del cobarde al valiente
del torcido al correcto
del malo al menos malo.
Voy en cuenta atrás
a contrapelo, destapando
a la vez valentías y tristezas
y semáforos fijos en su ámbar
relativizando el daltonismo y los deseos.
Yo
que creo saber tanto
como para coartarme de la risa
me quedo sólo en perfecto gilipollas
desolado frente al armario
y sin saber qué ponerme
para el funeral de mi madre.
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